1. El desengaño de Descartes
Descartes piensa que todo lo aprendido, excepto las matemáticas, carece de valor alguno.
2. El método
2.1. Necesidad de un nuevo método
Descartes plantea el método como solución al conocimiento, propone el método como solución a búsqueda de la realidad absoluta, y, junto con la duda cartesiana (bastante importante en el método) intenta dar solución al verdadero conocimiento.
El método se caracteriza por el uso de la razón frente a los sentidos. Es esto lo que establece seguridad a este método a la hora de fundar el conocimiento.
La cuestión radica en hallar un nuevo método que rechace la autoridad de la Iglesia y Aristóteles como criterios de verdad.
2.2. Criterio de verdad
- Criterio de autoridad: El criterio de verdad es la pauta utilizada para determinar la veracidad o falsedad de un juicio.
- Inducción: Aunque la inducción se basa en la experiencia y en la observación, Descartes niega que sirva de criterio para llegar a la verdad segura, puesto que la validez de este criterio exige el análisis de todos los casos posibles.
- Las matemáticas y las verdades de razón: Utiliza la expresión "verdades de razón", puesto que no dependen de la experiencia, sino de la razón. Descartes siente interés por las matemáticas, porque su objeto es simple y sus razonamientos son seguros y evidentes.
2.3. Reglas del método
La evidencia: clara (fácil, lo entiendes perfectamente) y distíntamente (diferente, no se confunde con otra cosa). No hay que admitir nada que sea dudoso. La evidencia es contrapuesta a la conjetura (cualquier sistema que me permita llegara la evidencia que no sea la intuición), que es aquello cuya verdad no aparece a la mente de un modo inmediato. El acto por el cual el alma llega a la evidencia es la intuición (facultad mental que me permite captar las cosa a la primera). Descartes entiende por intuición "una concepción del espíritu (mente) puro y atento, tan fácil y distinta, que no quede en absoluto duda respecto de aquello que pensamos".
El análisis: consiste en dividir cada una de las dificultades que se han de examinar en el mayor número posible de partes para resolverlas mejor. Análisis significa dividir las ideas complejas en simples.
La síntesis: consiste en conducir los pensamientos por orden empezando por los objetos más simples y fáciles de conocer, para ascender poco a poco hasta los conocimientos más complejos. Esta regla supone un procedimiento, la deducción, resolución de cada parte simple empezando por lo más fácil a lo más complejo.
La enumeración: se trata de revisar todo el proceso para estar seguros de o omitir nada. "Consiste en hacer enumeraciones tan complejas y revisiones tan generales que estemos seguros de no omitirá nada". La enumeración comprueba el análisis y la revisión la síntesis.
3. La duda metódica y la primera certeza: el cogito
La duda, instrumento par allegar a la certeza.
No es extraño que Descartes concibiera la idea de construir una ciencia suprema, que llama filosofía primera.
Esta destrucción de las opiniones antiguas se hace mediante la duda.
La duda cartesiana no es una duda escéptica, es un hábito del pensamiento, es un momento en que no somos capaces de afirmar si algo es verdadero o falso. Un instrumento para elaborar una filosofía, por eso se llama duda metódica. Podemos decir que es una duda universa, ya que es una duda teorética, no se extiende el plano de las creencias o de las normas morales, sólo al plano de la teoría.
3.1. Niveles de la duda
- Falacia de los sentidos: "Si alguna vez me han engañado, me hace ser precavido y suponer que me pueden engañar siempre". A veces cuando vemos algo de lejos nos parece una cosa pero cuando se acerca es otra por lo que los sentidos nos engañan. Así eliminamos los sentidos y todo lo que se apoye en ellos.
- Errores del razonamiento: "Mi entendimiento se puede equivocar cuando razona". Descartes elimina los juicios como conocimiento verdadero.
- Imposibilidad de distinguir la vigilia del sueño: Si estuviéramos dormidos, soñando que actuamos como en el mundo real, no nos daríamos cuenta hasta que despertáramos.
- Hipótesis del "genio maligno": Genio astuto y malvado que se dedica a confundir mi entendimiento cuando se hace alguna operación matemática, negando así la verdad.
3.2. Primera certeza de la filosofía: el cogito
"Puedo dudar de todo, pero hay algo que no puedo dudar: mientras dudo, estoy pensando, mientras pienso, pienso, luego existo."
a) De la duda a la primera certeza
La certidumbre nace de la duda gnoseológica, y la primera certeza es el cimiento sobre el que se asienta la estructura de todo el sistema filosófico cartesiano. Debemos hallar la primera certeza subjetiva que nos sirva para salir de la duda.
Descartes utiliza el último nivel de la duda metódica para distinguir el pensamiento y el objeto del pensamiento. El objeto del pensamiento es una herramienta que adquiero por medio de otra cosa. El pensamiento es inmediato.
Al final del proceso de la duda, Descartes da con el principio fundamental, la verdad evidente e indudable: "Pienso, luego existo."
b) Sentido de la primera verdad (certeza)
“El hecho de darnos cuenta de que somos cosas pensantes nada tiene que ver con una primera noción nacida de un silogismo; cuando alguien dice “pienso, luego existo”, por medio de un silogismo, tampoco está deduciendo la existencia a partir del pensamiento.”
Si fuera una deducción producto de un silogismo, debería tener en cuenta la premisa mayor siguiente: todo lo que piensa es o existe; más aún, sabe, porque lo experimenta en su interior, que no se puede pensar si no existe. De tal forma que el entendimiento llega a proposiciones generales a través del conocimiento de las cosas particulares
c) Cogito e intuición
El término intuición tiene dos significados:
- Conocimiento inmediato. Conocimiento que no necesita ni instrumentos ni procedimientos psíquicos.
- Sentido psíquico. Descartes introduce una novedad a este respecto. Tal es el conocimiento de la intuición, que no deja lugar para la duda.
4. Clases de ideas: innatas, adventicias y facticias
Descartes distingue tres clases de ideas:
· Ideas adventicias: son aquellas ideas que parece que las aprendemos o viene de fuera.
· Ideas facticias: son ideas que han sido creadas por el propio ser humano.
· Ideas innatas: son las ideas con las que nacemos, ideas del mundo físico.
5. Dios en la filosofía de Descartes
5.1. Pruebas de la existencia de Dios
a) Primera prueba: sustancia infinita
"Por Dios entiendo una sustancia infinita, eterna, inmutable, independiente, omnisciente, omnipotente, por la que yo y todas las demás cosas han sido creadas". Es necesario decir que Dios existe; porque, siendo yo una sustancia finita, alguien ha tenido que poner en mi esa sustancia, y ha tenido que ser una sustancia infinita.
b) Segunda prueba: ser perfecto
Descartes explica la segunda prueba de la existencia de Dios, basada en la idea de la perfección. No es una prueba nueva, sino una nueva forma de presentar la prueba anterior.
c) Tercera prueba: argumento ontológico
Dice así: "Tengo la idea de Dios como un ser soberanamente perfecto. Veo que no puede separarse la esencia de la existencia de Dios; de suerte que concebir un Dios, un ser soberanamente perfecto sin existencia, es lo mismo que concebir una montaña sin valle."
6. Las pasiones y la libertad
Las acciones dependen de la voluntad; las pasiones son involuntarias y están constituidas por percepciones, sentimientos o emociones causadas en el alma por espíritus vitales; esto es, las fuerzas mecánicas que actúan en el cuerpo. La fuerza del alma consiste en vencer las pasiones y detener los movimientos del cuerpo; mientras que su debilidad consiste en dejarse dominar por las pasiones presentes.
Las pasiones son contrarias entre sí: de un lado, solicitan al alma; de otro, la hacen combatir contra sí misma, dejándola en el estado más deplorable.
El ser humano debe dejarse guiar, no por las pasiones, sino por la experiencia y por la razón, y solo así puede distinguir en su justo valor el bien y el mal y evitar los excesos.
lunes, 18 de abril de 2016
lunes, 7 de marzo de 2016
domingo, 6 de marzo de 2016
6. EL PENSAMIENTO DE SAN AGUSTÍN
Antropología
Para San Agustín, Dios es el fin del hombre, hacia Él tendemos (como el Bien platónico, causa final de la realidad). De ahí la inquietud radical que caracteriza al ser humano: nada nos satisface, siempre estamos en movimiento buscando cosas, porque el destino que de verdad anhelamos es volver a unirnos con Dios.
Ser humano, un ser compuesto
El ser humano es un
alma racional que tiene un cuerpo mortal y terreno para su uso. Está formado por el alma y el cuerpo; lo primordial es el
alma. Debido al pecado original, el alma
está sometida al cuerpo. El ser humano tiene necesidad de la gracia de Dios. La voluntad del ser humano está obligada a hacer
lo que dicta el impulso del cuerpo.
El ser humano,
compuesto por el alma inmortal y el cuerpo mortal, constituye la cúspide de la
creación. El alma es una substancia
racional. San Agustín define al ser
humano como un alma racional que tiene un cuerpo mortal y terreno para su uso.
La influencia de Platón es más que evidente.
El
alma humana es el principio inmaterial que reanima al cuerpo material. San
Agustín emplea la misma argumentación que Platón: el alma es principio de vida,
y como la vida no es posible junto a la muerte, el alma es inmortal; el
alma es parte de la vida, y adquiere su esencia del principio que constituye la
vida, por ello es inmortal. Gracias al alma, la materia adquiere vida.
Libertad
La LIBERTAD es la capacidad humana para iniciar una acción causal, mientras que el LIBRE ALBEDRÍO es el uso que hacemos de la libertad.
El pensamiento agustiniano acerca de la libertad es un pensamiento teológico. El origen del mal no se halla en el Dios infractor, sino en la libertad del ser humano. El origen del bien no se halla en la libertad del ser humano.
El punto de partida
del pensamiento de san Agustín es la desviación de la humanidad y su
consiguiente reconducción por parte de Cristo. Ciertamente, el ser humano
es libre, pero es ser humano, porque es libre.
Sin libertad no sería ser humano. El ser humano, creado
por Dios, debe orientar su existencia hacia Él (Dios), Su fin consiste en
guiarse hacia Dios, conscientemente o inconscientemente. No existe libertad sin
derechos, al igual que tampoco existe libertad sin obligaciones. Cuando sirve a Dios,
el ser humano es libre y consigue la felicidad; cuando no lo hace, se convierte
en esclavo.
El ser humano, debido al pecado original, ha perdido esa libertad, y desea poder recuperar el liberum arbitrium. En definitiva: podemos hacer el mal sin ayuda de nadie, pero para hacer el bien necesitamos la ayuda de Dios.
Los pelagianos afirman que el ser humano tiene capacidad para hacer el bien y el mal. San Agustín se revela: de ser eso cierto, Dios no sería libre, puesto que no puede pecar. ¿Qué puede hacer el ser humano por sí solo, sin la ayuda de la gracia? Unicamente el mal, el pecado. La gracia le permite ser libre.
El mal moral tiene su origen en el uso inadecuado del libre albedrío (liberum
arbitrium), y el ser humano es el responsable de ello, no Dios. El libre albedrío, por tanto, no es un bien absoluto. El objetivo del ser humano es la felicidad.
El problema del mal
Males físicos de la
naturaleza (terremotos, tormentas, sequías, etc.), males morales (maldad,
crimen, venganza, guerra, debilidad mental, depresión, soledad, angustia, miedo
etc.), ¿quién tiene la culpa de todos esos males? Si es verdad que Dios ha creado el mundo,
¿cómo se explica la existencia del mal? ¿Tal vez porque Dios haya hecho mal las
cosas? ¿Es imaginable un mundo sin presencia del mal? ¿Es Dios la causa de los
males físicos y morales? Decían los
maniqueos que el bien procede del
principio del bien y el mal del principio del mal. EXISTE UN ÚNICO DIOS, EL DEL BIEN.
San Agustín reflexiona desde el punto de vista de los seres nacidos de la creación, de los seres corruptibles. La corruptibilidad no constituye en sí misma un mal, las cosas corruptibles son buenas. Las cosas son buenas, pero corruptibles, sí no fueran corruptibles, serían Dios; si no fueran buenas, no existirían. Por tanto, todas las cosas que existen son buenas, pero no absolutamente buenas.
Mal no es más que el nombre que adjudicamos a la ausencia de un bien determinado.
San Agustín reflexiona desde el punto de vista de los seres nacidos de la creación, de los seres corruptibles. La corruptibilidad no constituye en sí misma un mal, las cosas corruptibles son buenas. Las cosas son buenas, pero corruptibles, sí no fueran corruptibles, serían Dios; si no fueran buenas, no existirían. Por tanto, todas las cosas que existen son buenas, pero no absolutamente buenas.
Mal no es más que el nombre que adjudicamos a la ausencia de un bien determinado.
Teoría del conocimiento (fe y razón)
La principal inquietud
de san Agustín no consistió únicamente en encontrar una verdad, sino,
fundamentalmente, en encontrar una verdad capaz de saciar su corazón. Únicamente así se logra la felicidad. La verdadera felicidad
consiste en poseer toda la verdad, una verdad que trasciende todas las verdades
particulares, de lo contrario no seria una verdad propiamente dicha. La verdad que busca san Agustín es la medida
(absoluta) de todas las posibles verdades. Esa Medida Suprema únicamente puede ser Dios.
La
búsqueda agustiniana de la verdad no es sólo contemplativa, es fundamentalmente
activa, no supone únicamente conocimiento, tal como veremos después, sino
también fe y amor. Hay que conocer la
verdad, no sólo para conocer el Todo: es necesario conocer
la verdad, también, para obtener la tranquilidad y el sosiego que necesita el
alma. Antes de que la posesión de la verdad se convierta en
objeto de la ciencia, es objeto de la sabiduría. Y la búsqueda de la verdad no es un método,
sino un camino espiritual, una peregrinación, una trayectoria.
Desde el comienzo de
la cristiandad siempre se ha puesto de manifiesto la necesidad de que la fe, en principio,
no debe rechazar a la razón, y la razón también, en principio, no debe rechazar
a la fe. La fórmula adecuada
entre fe y razón seria la siguiente: creo, también entiendo; entiendo, pero
también creo. Es más: creo para
entender, entiendo para creer.
- Al principio, la razón ayuda al ser humano a
lograr la fe.
- A continuación, la
fe guía e ilumina a la razón.
- Asimismo,
la razón ayuda a la clarificación de los contenidos de la fe.
Iluminación
Existen tres niveles
de conocimiento: conocimiento sensible, conocimiento racional y contemplación.
1. Conocimiento sensible
Los objetos
procedentes de los sentidos tan pronto surgen como desaparecen; uno tras otro,
se excluyen recíprocamente, no podemos alcanzarlos plenamente puesto que
carecen de una verdadera entidad. Por
tanto, no es posible el verdadero conocimiento por medio del conocimiento
sensible.
2. Conocimiento racional
3. Contemplación - Dialéctica platónica
El alma reanima al cuerpo, y cuando incremento su
acción, se convierte en un órgano sensible; entonces existe el conocimiento
sensible. Pero únicamente cuando el alma
racional conoce las verdades eternas, las verdades inmutables, logra la
verdadera seguridad.
No podemos conocer las
verdades eternas, inmutables y necesarias por medio de la experiencia mudable, gracias a la
iluminación divina, el ser humano puede conocer las verdades eternas. San Agustín vislumbra
la huella de Dios en el interior del ser humano.
Interiorización
El punto de partida de
la búsqueda de la verdad no se halla en el exterior, sino en el interior.
¿Y qué es lo que
encuentra el ser humano en su interior, en lo más profundo de su ser?
- Que su naturaleza es variable.
- Que su conocimiento
sensible ofrece objetos mudables.
- El ser humano encuentra en su interior verdades inmutables: desde las
verdades matemáticas hasta las verdades indudables y universales. Y el ser humano no
puede conocerlas sin ayuda exterior, porque es un ser contingente, y las verdades, por el contrario, son absolutas.
Ser absoluto y seres variables
Ser absoluto
La existencia de Dios
queda demostrada en el alma creyente; el alma es capaz de conocer a la verdad y
a Dios necesario y eterno; al existir la verdad,
y siendo Dios su fundamento, Dios existe.
Este sería, en pocas palabras, el argumento gnoseológico de San Agustín. La Creación no puede
ofrecer al ser humano la felicidad que busca, o orientación una verdad
superior, es decir, hacia Dios, y, mediante el acuerdo entre los seres humanos
(salvo algunos depravados), toda la especie humana proclama a Dios como creador
del mundo.
Pero la verdadera
demostración agustiniana de la existencia de Dios hay que buscarla en las ideas
eternas, por su indeterminación y por su carácter necesario. El ser humano percibe las verdades infinitas
y necesarias. Estas verdades superan
a nuestro entendimiento (son supremas) y éste ha de someterse a ellas. No existe cosa sin
fundamento; el fundamento de lo inmutable debe ser inmutable.
Seres variables
Los seres variables
carecen de constancia, son y no son al mismo tiempo, son seres limitados
incapaces de subsistir en la permanencia. Por tanto, los seres variables no son seres verdaderos, lo verdadero es
lo que perdura invariable.
Creación
Todas las cosas son
obra de Dios, han sido creadas de la nada, deben su existencia a Dios, de lo
contrario, no serían más que la nada. Dios
hizo el mundo en una creación íntegra, a partir de la nada. Además, la creación
del mundo no se debe a algo ineludible, sino que es consecuencia de una
decisión voluntaria y libre.
La libre creación
divina es para san Agustín un acto súbito y completo; la creación se extiende en el tiempo.
Las dos ciudades
San
Agustín reflexiona sobre el sentido del dolor y del mal en el seno de la
historia. Para
ello, por vez primera en la historia humana, establece una filosofía de la
historia universal: la historia de la humanidad es una lucha entre dos ciudades
(del bien y del mal); la ciudad de
Dios y la ciudad del Mundo; la ciudad de la luz y la ciudad de las tinieblas.
Alguien que formara
parte de la ciudad celestial podría vivir según los principios de la ciudad
terrena, y viceversa. Por ejemplo, una
persona bautizada puede ser considerada como cristiana, como parte de la
iglesia, pero si su vida, si el principio que rige su conducta, estuviera
basada en el amor egoísta por encima de todo, moralmente pertenecería a la
ciudad terrena; o, al contrario, si un pagano adoptara la justicia y el derecho
como principios de su conducta, moralmente pertenecería a la ciudad de Dios.
lunes, 22 de febrero de 2016
5. ARISTÓTELES - HILEMORFISMO
El hilemorfismo aristotélico
La teoría hilemórfica es la teoría fundamental del ser en Aristóteles que explica la realidad y la naturaleza; ocupa un papel semejante a la teoría de las Ideas en Platón.
El hilemorfismo es la teoría que considera que la realidad física, natural y concreta está compuesta de materia y forma: hyle = materia, morfe = forma. Son dos principios o co-principios que forman un todo sustancial, un único ser. Ni la materia sola ni la forma sola constituyen el ser, sino que éste es el compuesto de las dos. No son dos elementos yuxtapuestos, sino que conforman a la sustancia, al ser. Toda sustancia es un compuesto de materia y forma; no se pueden separar.
Características de la materia
- Nunca puede existir por sí sola, sino siempre unida a la forma.
- Pura pasividad, mera capacidad para recibir formas, poder llegar a ser algo; en términos aristotélicos, potencia.
- Distingue entre materia segunda (la física, perceptible por los sentidos, apta para recibir cualquier forma: mármol, madera,…) y materia prima (no perceptible por los sentidos, sólo por la inteligencia; absoluta indeterminación).
Características de la forma
- Lo que determina la materia haciendo que lo indeterminado pase a ser algo determinado; en términos aristotélicos, lo que actualiza la materia.
- Es la esencia de las cosas (como lo eran las ideas en Platón) pero no existe fuera de la materia sino en la materia. Es lo universal y permanente (La belleza da el ser a las cosas bellas, pero no se puede separar de ellas, sólo existe en ellas).
La teoría hilemórfica es la teoría fundamental del ser en Aristóteles que explica la realidad y la naturaleza; ocupa un papel semejante a la teoría de las Ideas en Platón.
El hilemorfismo es la teoría que considera que la realidad física, natural y concreta está compuesta de materia y forma: hyle = materia, morfe = forma. Son dos principios o co-principios que forman un todo sustancial, un único ser. Ni la materia sola ni la forma sola constituyen el ser, sino que éste es el compuesto de las dos. No son dos elementos yuxtapuestos, sino que conforman a la sustancia, al ser. Toda sustancia es un compuesto de materia y forma; no se pueden separar.
Características de la materia
- Nunca puede existir por sí sola, sino siempre unida a la forma.
- Pura pasividad, mera capacidad para recibir formas, poder llegar a ser algo; en términos aristotélicos, potencia.
- Distingue entre materia segunda (la física, perceptible por los sentidos, apta para recibir cualquier forma: mármol, madera,…) y materia prima (no perceptible por los sentidos, sólo por la inteligencia; absoluta indeterminación).
Características de la forma
- Lo que determina la materia haciendo que lo indeterminado pase a ser algo determinado; en términos aristotélicos, lo que actualiza la materia.
- Es la esencia de las cosas (como lo eran las ideas en Platón) pero no existe fuera de la materia sino en la materia. Es lo universal y permanente (La belleza da el ser a las cosas bellas, pero no se puede separar de ellas, sólo existe en ellas).
4. CINCO VÍAS DE SANTO TOMÁS
Primera Vía
La primera vía es la del movimiento. El movimiento nos consta por los sentidos que hay seres de este mundo que se mueven; pero todo lo que se mueve es movido por otro, y como una serie infinita de causas es imposible hemos de admitir la existencia de un primer motor no movido por otro, inmóvil. Y ese primer motor inmóvil es Dios.
Segunda Vía
La segunda vía es la vía de las causas eficientes. Nos consta la existencia de causas eficientes que no pueden ser causa de sí mismas, ya que para ello tendrían que haber existido antes de existir, lo cual es imposible. Además, tampoco podemos admitir una serie infinita de causas eficiente, por lo que tiene que existir una primera causa eficiente no causada. Y esa causa no causada es Dios.
Tercera Vía
La tercera es la vía de la contingencia y del ser necesario. Hay seres que comienzan a existir y que perecen, es decir, que no son necesarios; si todos los seres fueran contingentes, no existiría ninguno, pero existen, por lo que deben tener su causa, pues, en un primer ser necesario, ya que una serie causal infinita de seres contingentes es imposible. Y este ser necesario es Dios.
Cuarta Vía
La cuarta es la vía de los grados de perfección. Observamos distintos grados de perfección en los seres de este mundo (bondad, belleza,...) Y ello implica la existencia de un modelo con respecto al cual establecemos la comparación, un ser óptimo, totalmente verdadero, un ser supremo. Y ese ser supremo es Dios.
Quinta Vía
La quinta es la vía teleológica o del orden y la finalidad. Observamos que seres inorgánicos actúan con un fin; pero al carecer de conocimiento e inteligencia sólo pueden tender a un fin si son dirigidos por un ser inteligente. Luego debe haber un ser sumamente inteligente que ordena todas las cosas naturales dirigiéndolas a su fin. Y ese ser inteligente es Dios.
Podemos observar que las cinco vías de Santo Tomás, todas ellas, llegan a la misma conclusión: DIOS EXISTE. Dios es todo lo perfecto, lo necesario, el ser inteligente, Dios lo es TODO.
Fuente: http://www.webdianoia.com/medieval/aquinate/aquino_teolg_2.htm
Fuente: http://www.webdianoia.com/medieval/aquinate/aquino_teolg_2.htm
domingo, 15 de noviembre de 2015
3. PLATÓN - TERCERA PARTE
2.3
Dualismo antropológico: cuerpo y alma, Teoría del alma
Para
exponer la teoría moral de Platón, es necesario reparar a ciertos aspectos de
su teoría del alma, ya que el equilibrio y la justicia del alma será la que
sostenga la conducta moral de los seres humanos conduciéndolos a la felicidad.
Piensa Platón que el ser humano tiene dos atributos
fundamentales: cuerpo y alma. El alma es de carácter divino, eterno e inmortal;
el cuerpo es mortal y feo, y constituye una cárcel para el alma.
Platón distinguió tres tipos o dimensiones del alma,
y a cada dimensión le correspondería una función: la dimensión racional, la
dimensión irascible y la dimensión concupiscente, Platón muestra la relación
existente entre las tres funciones del alma valiéndose de la alegoría del carro
alado. De hecho, Platón concibe el alma como la unión de los componentes que se
representan en esa alegoría, es decir, el carro, el auriga y los dos caballos
(el blanco y el negro).
2.4
La virtud y la ciudad ideal
2.4.1 Tres estamentos sociales
Platón organiza la ciudad según las aptitudes que corresponden a cada
estamento social. Se consigue así conjugar los intereses de los ciudadanos, de
modo que, una vez coordinadas
todas las tareas, se alcance la justicia en la ciudad. He aquí esos tres
estamentos sociales:
1.- Los productores
Los
ciudadanos que tengan especiales destrezas manuales tendrán especial
responsabilidad en la producción de bienes. Pertenecen a este estamento
campesinos, artesanos y comerciantes. Según Platón, la virtud característica de
este grupo es la templanza, puesto que en ellos sobresalen las bajas pasiones,
de modo que controlándolas pueden alcanzar la perfección.
2.- Los guardianes
Los
soldados deben tener aptitudes tanto física, como morales. Su cometido es la
defensa de la ciudad, y su virtud, la fortaleza.
3.- Los filósofos gobernantes
Su
virtud es la prudencia. El rey o el gobernante será elegido de entre los
mejores ciudadanos.
Si
cada clase social cumple con su cometido, el orden y la armonía imperarán en la
ciudad, y se impondrá la justicia, Por tanto, ya que no cabe mayor tarea que la
del gobierno de la ciudad, es preciso dejarlo en manos de los expertos, puesto
que sólo puede gobernar justamente aquél que conoce la justicia y el bien.
El
sistema propuesto por Platón no coincide exactamente con un sistema
democrático, puesto que en él sólo los mejores y los más sabios alcanzarían el
poder. A menudo, el discípulo de Sócrates llama aristocracia del espíritu a
su sistema político. En cualquier caso, no parece que Platón tuviera muy buena
opinión acerca de la democracia.
Platón
cita también las condiciones que harían posible la justicia:
-
Primero, deben desaparecer la riqueza y la pobreza, ya que suponen grandes
inconvenientes para que los hombres y las mujeres cumplan con sus tareas. Los
dos estamentos sociales de más alto rango, el de los soldados y el de los
gobernantes, no necesitan riquezas, salvo las estrictamente necesarias para
poder vivir. Sin embargo, a los trabajadores manuales no se les debería negar
el derecho de tener posesiones.
-
La segunda condición de la justicia es, por tanto, que los miembros de las
clases superiores rechacen tener una vida familiar. Ya que tanto hombres como
mujeres pueden participar en política, la familia constituiría un obstáculo a
la hora de formar gobierno. El Estado, además, regula el matrimonio entre
hombres y mujeres, y se hace cargo de la educación de los hijos.
2.4.2 Formas de organización del Estado
Platón
piensa que la tarea fundamental del Estado consiste en proporcionar una vida
feliz y justa a sus ciudadanos. Así pues, las obligaciones del Estado y del
individuo son muy distintas. Si los ciudadanos se comportan injustamente, la
justicia se tornaría impracticable. Del mismo modo, si la actuación del Estado
fuera perversa, los ciudadanos no podrían comportarse correctamente.
No
obstante, muy por encima de los ciudadanos y del Estado, es preciso seguir la
ley moral que habita en nuestro seno, puesto que los comportamientos justos son
similares en ambos casos. Siguiendo este mismo criterio, Platón adujo que la
forma perfecta era la aristocracia, ya que en ella gobiernan los mejores y más
sabios
2.4.3 Felicidad y el bien supremo
La ética es una reflexión sobre la conducta humana que se dirige hacia la
resolución de problemas tanto individuales (por ejemplo, cómo puedo alcanzar la
felicidad, o cómo debo vivir para estar por encima de mi constitutiva
animalidad) como sociales (cómo lograr la convivencia común pacífica y
tolerante). La ética platónica, que recoge detalles del pensamiento socrático y
que será posteriormente ampliada, corregida y conceptualizada por Aristóteles,
es eudemonista, dado que se orienta al logro del bien supremo del hombre, esto
es, a su felicidad. El bien supremo consiste en el desarrollo de la
personalidad, de su alma, de forma que adquiera el estado en que debe hallarse
y, por ello, sea feliz.
Al inicio del diálogo platónico Filebo, sus dos disertantes se acomodan en
dos posturas antagónicas: Protarco sostiene que la esencia del bien es el
placer, mientras que Sócrates cree que es la sabiduría. Pronto, sin embargo, ambos
admitirán que una vida cifrada en uno sólo de esos estados, y que los potencie
a la máxima expresión, no sería propiamente una vida humana; una existencia de
la que no tome parte la experiencia, la memoria, el conocimiento, sería tan
vacía como otra que rechazase los placeres corporales. Una vida buena para el
hombre, concluyen, deberá contener tanto placeres intelectuales como aquellos
que suponen satisfacer un deseo corporal, siempre que sea con mesura.
De los primeros se supone imprescindible la concurrencia de la ciencia
exacta de los objetos intemporales, es decir, la geometría. La geometría
describe los conocimientos más verdaderos posibles acerca de la realidad más
notable. Pero como en el mundo de nuestra experiencia no hallamos más que una grosera
aproximación a esos objetos intemporales, será necesario atender a un
conocimiento de segundo tipo que la describa, admitiendo, siempre, que se trata
de un saber inferior; un conocimiento de esta guisa sería, por ejemplo, el
proporcionado por la música o la poesía. De los placeres corporales, por su
parte, se aceptan únicamente aquellos que reporten salud y bondad a quien los
experimenta, y se desprecian los que generan maldad o locura. Se busca, así,
una afinidad entre el conocimiento, entre la sabiduría, y lo que la
satisfacción del deseo puede proporcionar, tratando de encontrar una mezcla
ecuánime y certera.
La felicidad sólo se alcanza, pues, encontrando la medida o proporción
entre una vida sabia y una vida gozosa. Y para ello es esencial la práctica de
la virtud. La ética platónica abarca cuatro virtudes fundamentales que se
derivan del análisis de lasdimensiones anímicas que presenta el ser humano (la
racional, la irascible y la concupiscible). Así, al alma concupiscible le
corresponde una moderación, una templanza inteligente, ya que todo aquel que se
muestre templado en la búsqueda de la virtud obrará de forma buena y
beneficiosa, de modo que la templanza y la sabiduría no son completamente
dispares. En segundo lugar, al alma irascible le atañe una capacidad de
sacrificio, una fortaleza de ánimo ante las adversidades, el coraje propio de
los que van a la batalla, que no se apartan de la primera fila pese a estar
expuestos al peligro.
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