lunes, 18 de abril de 2016

7. EL PENSAMIENTO DE DESCARTES

1. El desengaño de Descartes

Descartes piensa que todo lo aprendido, excepto las matemáticas, carece de valor alguno.

2. El método

2.1. Necesidad de un nuevo método

Descartes plantea el método como solución al conocimiento, propone el método como solución a búsqueda de la realidad absoluta, y, junto con la duda cartesiana (bastante importante en el método) intenta dar solución al verdadero conocimiento.

El método se caracteriza por el uso de la razón frente a los sentidos. Es esto lo que establece seguridad a este método a la hora de fundar el conocimiento.

La cuestión radica en hallar un nuevo método que rechace la autoridad de la Iglesia y Aristóteles como criterios de verdad.

2.2. Criterio de verdad

- Criterio de autoridad: El criterio de verdad es la pauta utilizada para determinar la veracidad o falsedad de un juicio.

- Inducción: Aunque la inducción se basa en la experiencia y en la observación, Descartes niega que sirva de criterio para llegar a la verdad segura, puesto que la validez de este criterio exige el análisis de todos los casos posibles.

- Las matemáticas y las verdades de razón: Utiliza la expresión "verdades de razón", puesto que no dependen de la experiencia, sino de la razón. Descartes siente interés por las matemáticas, porque su objeto es simple y sus razonamientos son seguros y evidentes.

2.3. Reglas del método

La evidencia: clara (fácil, lo entiendes perfectamente) y distíntamente (diferente, no se confunde con otra cosa). No hay que admitir nada que sea dudoso. La evidencia es contrapuesta a la conjetura (cualquier sistema que me permita llegara la evidencia que no sea la intuición), que es aquello cuya verdad no aparece a la mente de un modo inmediato. El acto por el cual el alma llega a la evidencia es la intuición (facultad mental que me permite captar las cosa a la primera). Descartes entiende por intuición "una concepción del espíritu (mente) puro y atento, tan fácil y distinta, que no quede en absoluto duda respecto de aquello que pensamos".

El análisis: consiste en dividir cada una de las dificultades que se han de examinar en el mayor número posible de partes para resolverlas mejor. Análisis significa dividir las ideas complejas en simples.

La síntesis: consiste en conducir los pensamientos por orden empezando por los objetos más simples y fáciles de conocer, para ascender poco a poco hasta los conocimientos más complejos. Esta regla supone un procedimiento, la deducción, resolución de cada parte simple empezando por lo más fácil a lo más complejo.

La enumeración: se trata de revisar todo el proceso para estar seguros de o omitir nada. "Consiste en hacer enumeraciones tan complejas y revisiones tan generales que estemos seguros de no omitirá nada". La enumeración comprueba el análisis y la revisión la síntesis.

3. La duda metódica y la primera certeza: el cogito

La duda, instrumento par allegar a la certeza.

No es extraño que Descartes concibiera la idea de construir una ciencia suprema, que llama filosofía primera.

Esta destrucción de las opiniones antiguas se hace mediante la duda.

La duda cartesiana no es una duda escéptica, es un hábito del pensamiento, es un momento en que no somos capaces de afirmar si algo es verdadero o falso. Un instrumento para elaborar una filosofía, por eso se llama duda metódica. Podemos decir que es una duda universa, ya que es una duda teorética, no se extiende el plano de las creencias o de las normas morales, sólo al plano de la teoría.

3.1. Niveles de la duda

- Falacia de los sentidos: "Si alguna vez me han engañado, me hace ser precavido y suponer que me pueden engañar siempre". A veces cuando vemos algo de lejos nos parece una cosa pero cuando se acerca es otra por lo que los sentidos nos engañan. Así eliminamos los sentidos y todo lo que se apoye en ellos.

- Errores del razonamiento: "Mi entendimiento se puede equivocar cuando razona". Descartes elimina los juicios como conocimiento verdadero.

- Imposibilidad de distinguir la vigilia del sueño: Si estuviéramos dormidos, soñando que actuamos como en el mundo real, no nos daríamos cuenta hasta que despertáramos.

- Hipótesis del "genio maligno": Genio astuto y malvado que se dedica a confundir mi entendimiento cuando se hace alguna operación matemática, negando así la verdad.

3.2. Primera certeza de la filosofía: el cogito

"Puedo dudar de todo, pero hay algo que no puedo dudar: mientras dudo, estoy pensando, mientras pienso, pienso, luego existo."

a) De la duda a la primera certeza

La certidumbre nace de la duda gnoseológica, y la primera certeza es el cimiento sobre el que se asienta la estructura de todo el sistema filosófico cartesiano. Debemos hallar la primera certeza subjetiva que nos sirva para salir de la duda.

Descartes utiliza el último nivel de la duda metódica para distinguir el pensamiento y el objeto del pensamiento. El objeto del pensamiento es una herramienta que adquiero por medio de otra cosa. El pensamiento es inmediato.

Al final del proceso de la duda, Descartes da con el principio fundamental, la verdad evidente e indudable: "Pienso, luego existo."

b) Sentido de la primera verdad (certeza)

“El hecho de darnos cuenta de que somos cosas pensantes nada tiene que ver con una primera noción nacida de un silogismo; cuando alguien dice “pienso, luego existo”, por medio de un silogismo, tampoco está deduciendo la existencia a partir del pensamiento.”

Si fuera una deducción producto de un silogismo, debería tener en cuenta la premisa mayor siguiente: todo lo que piensa es o existe; más aún, sabe, porque lo experimenta en su interior, que no se puede pensar si no existe. De tal forma que el entendimiento llega a proposiciones generales a través del conocimiento de las cosas particulares

c) Cogito e intuición

El término intuición tiene dos significados:

- Conocimiento inmediato. Conocimiento que no necesita ni instrumentos ni procedimientos psíquicos.

- Sentido psíquico. Descartes introduce una novedad a este respecto. Tal es el conocimiento de la intuición, que no deja lugar para la duda.

4. Clases de ideas: innatas, adventicias y facticias

Descartes distingue tres clases de ideas:

· Ideas adventicias: son aquellas ideas que parece que las aprendemos o viene de fuera.

· Ideas facticias: son ideas que han sido creadas por el propio ser humano.

· Ideas innatas: son las ideas con las que nacemos, ideas del mundo físico.

5. Dios en la filosofía de Descartes

5.1. Pruebas de la existencia de Dios

a) Primera prueba: sustancia infinita

"Por Dios entiendo una sustancia infinita, eterna, inmutable, independiente, omnisciente, omnipotente, por la que yo y todas las demás cosas han sido creadas". Es necesario decir que Dios existe; porque, siendo yo una sustancia finita, alguien ha tenido que poner en mi esa sustancia, y ha tenido que ser una sustancia infinita.

b) Segunda prueba: ser perfecto

Descartes explica la segunda prueba de la existencia de Dios, basada en la idea de la perfección. No es una prueba nueva, sino una nueva forma de presentar la prueba anterior.

c) Tercera prueba: argumento ontológico

Dice así: "Tengo la idea de Dios como un ser soberanamente perfecto. Veo que no puede separarse la esencia de la existencia de Dios; de suerte que concebir un Dios, un ser soberanamente perfecto sin existencia, es lo mismo que concebir una montaña sin valle."

6. Las pasiones y la libertad

Las acciones dependen de la voluntad; las pasiones son involuntarias y están constituidas por percepciones, sentimientos o emociones causadas en el alma por espíritus vitales; esto es, las fuerzas mecánicas que actúan en el cuerpo. La fuerza del alma consiste en vencer las pasiones y detener los movimientos del cuerpo; mientras que su debilidad consiste en dejarse dominar por las pasiones presentes.

Las pasiones son contrarias entre sí: de un lado, solicitan al alma; de otro, la hacen combatir contra sí misma, dejándola en el estado más deplorable.

El ser humano debe dejarse guiar, no por las pasiones, sino por la experiencia y por la razón, y solo así puede distinguir en su justo valor el bien y el mal y evitar los excesos.

domingo, 6 de marzo de 2016

6. EL PENSAMIENTO DE SAN AGUSTÍN

Antropología

Para San Agustín, Dios es el fin del hombre, hacia Él tendemos (como el Bien platónico, causa final de la realidad). De ahí la inquietud radical que caracteriza al ser humano: nada nos satisface, siempre estamos en movimiento buscando cosas, porque el destino que de verdad anhelamos es volver a unirnos con Dios.

Ser humano, un ser compuesto

El ser humano es un alma racional que tiene un cuerpo mortal y terreno para su uso.  Está formado por el alma y el cuerpo; lo primordial es el alma. Debido al pecado original, el alma está sometida al cuerpo. El ser humano tiene necesidad de la gracia de Dios. La voluntad del ser humano está obligada a hacer lo que dicta el impulso del cuerpo.

El ser humano, compuesto por el alma inmortal y el cuerpo mortal, constituye la cúspide de la creación.  El alma es una substancia racional.  San Agustín define al ser humano como un alma racional que tiene un cuerpo mortal y terreno para su uso. La influencia de Platón es más que evidente.

El alma humana es el principio inmaterial que reanima al cuerpo material. San Agustín emplea la misma argumentación que Platón: el alma es principio de vida, y como la vida no es posible junto a la muerte, el alma es inmortal; el alma es parte de la vida, y adquiere su esencia del principio que constituye la vida, por ello es inmortal. Gracias al alma, la materia adquiere vida.

Libertad

La LIBERTAD es la capacidad humana para iniciar una acción causal, mientras que el LIBRE ALBEDRÍO es el uso que hacemos de la libertad.

El pensamiento agustiniano acerca de la libertad es un pensamiento teológico. El origen del mal no se halla en el Dios infractor, sino en la libertad del ser humano. El origen del bien no se halla en la libertad del ser humano.

El punto de partida del pensamiento de san Agustín es la desviación de la humanidad y su consiguiente reconducción por parte de Cristo. Ciertamente, el ser humano es libre, pero es ser humano, porque es libre.  Sin libertad no sería ser humano. El ser humano, creado por Dios, debe orientar su existencia hacia Él (Dios), Su fin consiste en guiarse hacia Dios, conscientemente o inconscientemente. No existe libertad sin derechos, al igual que tampoco existe libertad sin obligaciones. Cuando sirve a Dios, el ser humano es libre y consigue la felicidad; cuando no lo hace, se convierte en esclavo.

El ser humano, debido al pecado original, ha perdido esa libertad, y desea poder recuperar el liberum arbitrium. En definitiva: podemos hacer el mal sin ayuda de nadie, pero para hacer el bien necesitamos la ayuda de Dios.

Los pelagianos afirman que el ser humano tiene capacidad para hacer el bien y el mal. San Agustín se revela: de ser eso cierto, Dios no sería libre, puesto que no puede pecar. ¿Qué puede hacer el ser humano por sí solo, sin la ayuda de la gracia? Unicamente el mal, el pecado. La gracia le permite ser libre.

El mal moral tiene su origen en el uso inadecuado del libre albedrío (liberum arbitrium), y el ser humano es el responsable de ello, no Dios. El libre albedrío, por tanto, no es un bien absoluto. El objetivo del ser humano es la felicidad.

El problema del mal

Males físicos de la naturaleza (terremotos, tormentas, sequías, etc.), males morales (maldad, crimen, venganza, guerra, debilidad mental, depresión, soledad, angustia, miedo etc.), ¿quién tiene la culpa de todos esos males?  Si es verdad que Dios ha creado el mundo, ¿cómo se explica la existencia del mal? ¿Tal vez porque Dios haya hecho mal las cosas? ¿Es imaginable un mundo sin presencia del mal? ¿Es Dios la causa de los males físicos y morales?  Decían los maniqueos que el bien procede del principio del bien y el mal del principio del mal. EXISTE UN ÚNICO DIOS, EL DEL BIEN.

San Agustín reflexiona desde el punto de vista de los seres nacidos de la creación, de los seres corruptibles.  La corruptibilidad no constituye en sí misma un mal, las cosas corruptibles son buenas. Las cosas son buenas, pero corruptibles, sí no fueran corruptibles, serían Dios; si no fueran buenas, no existirían.  Por tanto, todas las cosas que existen son buenas, pero no absolutamente buenas.

Mal no es más que el nombre que adjudicamos a la ausencia de un bien determinado.


Teoría del conocimiento (fe y razón)

La principal inquietud de san Agustín no consistió únicamente en encontrar una verdad, sino, fundamentalmente, en encontrar una verdad capaz de saciar su corazón. Únicamente así se logra la felicidad. La verdadera felicidad consiste en poseer toda la verdad, una verdad que trasciende todas las verdades particulares, de lo contrario no seria una verdad propiamente dicha. La verdad que busca san Agustín es la medida (absoluta) de todas las posibles verdades. Esa Medida Suprema únicamente puede ser Dios.


La búsqueda agustiniana de la verdad no es sólo contemplativa, es fundamentalmente activa, no supone únicamente conocimiento, tal como veremos después, sino también fe y amor.  Hay que conocer la verdad, no sólo para conocer el Todo: es necesario conocer la verdad, también, para obtener la tranquilidad y el sosiego que necesita el alma. Antes de que la posesión de la verdad se convierta en objeto de la ciencia, es objeto de la sabiduría. Y la búsqueda de la verdad no es un método, sino un camino espiritual, una peregrinación, una trayectoria.

Desde el comienzo de la cristiandad siempre se ha puesto de manifiesto la necesidad de que la fe, en principio, no debe rechazar a la razón, y la razón también, en principio, no debe rechazar a la fe. La fórmula adecuada entre fe y razón seria la siguiente: creo, también entiendo; entiendo, pero también creo. Es más: creo para entender, entiendo para creer.

-  Al principio, la razón ayuda al ser humano a lograr la fe.
-  A continuación, la fe guía e ilumina a la razón.
-  Asimismo, la razón ayuda a la clarificación de los contenidos de la fe.

Iluminación

Existen tres niveles de conocimiento: conocimiento sensible, conocimiento racional y contemplación.

1. Conocimiento sensible


Consiste en la percepción de los objetos. Los objetos producen unos cambios en nuestros sentidos; dichos cambios no se producen en el alma, sino que el alma reconoce el cambio sufrido por el cuerpo y, precisamente por ello, reconoce los objetos.

Los objetos procedentes de los sentidos tan pronto surgen como desaparecen; uno tras otro, se excluyen recíprocamente, no podemos alcanzarlos plenamente puesto que carecen de una verdadera entidad. Por tanto, no es posible el verdadero conocimiento por medio del conocimiento sensible.

2. Conocimiento racional

El conocimiento racional, partiendo de los datos sensibles, realiza unos juicios en torno a los objetos reconocidos por el entendimiento, comparándolos con los modelos eternos, es decir, con las ideas procedentes de la iluminación divina. Este nivel de conocimiento corresponde a todos los seres humanos y, precisamente, distingue al ser humano del resto de los seres.

3. Contemplación - Dialéctica platónica

La contemplación consiste en percibir las ideas eternas tal como son; la verdadera sabiduría consiste en conocer las ideas eternas. El alma obtiene el conocimiento objetivo mediante la contemplación, llega a contemplar la verdad objetiva, He aquí otra clara muestra del influjo de Platón.

El alma reanima al cuerpo, y cuando incremento su acción, se convierte en un órgano sensible; entonces existe el conocimiento sensible. Pero únicamente cuando el alma racional conoce las verdades eternas, las verdades inmutables, logra la verdadera seguridad.

No podemos conocer las verdades eternas, inmutables y necesarias por medio de la experiencia mudable, gracias a la iluminación divina, el ser humano puede conocer las verdades eternas. San Agustín vislumbra la huella de Dios en el interior del ser humano.

Interiorización

El punto de partida de la búsqueda de la verdad no se halla en el exterior, sino en el interior.
¿Y qué es lo que encuentra el ser humano en su interior, en lo más profundo de su ser?

- Que su naturaleza es variable.

- Que su conocimiento sensible ofrece objetos mudables.

- El ser humano encuentra en su interior verdades inmutables: desde las verdades matemáticas hasta las verdades indudables y universales. Y el ser humano no puede conocerlas sin ayuda exterior, porque es un ser contingente, y las verdades, por el contrario, son absolutas.

Ser absoluto y seres variables

Ser absoluto

La existencia de Dios queda demostrada en el alma creyente; el alma es capaz de conocer a la verdad y a Dios necesario y eterno; al existir la verdad, y siendo Dios su fundamento, Dios existe.  Este sería, en pocas palabras, el argumento gnoseológico de San Agustín. La Creación no puede ofrecer al ser humano la felicidad que busca, o orientación una verdad superior, es decir, hacia Dios, y, mediante el acuerdo entre los seres humanos (salvo algunos depravados), toda la especie humana proclama a Dios como creador del mundo.

Pero la verdadera demostración agustiniana de la existencia de Dios hay que buscarla en las ideas eternas, por su indeterminación y por su carácter necesario.  El ser humano percibe las verdades infinitas y necesarias. Estas verdades superan a nuestro entendimiento (son supremas) y éste ha de someterse a ellas. No existe cosa sin fundamento; el fundamento de lo inmutable debe ser inmutable.

Seres variables

Los seres variables carecen de constancia, son y no son al mismo tiempo, son seres limitados incapaces de subsistir en la permanencia. Por tanto, los seres variables no son seres verdaderos, lo verdadero es lo que perdura invariable.

Creación

Todas las cosas son obra de Dios, han sido creadas de la nada, deben su existencia a Dios, de lo contrario, no serían más que la nada. Dios hizo el mundo en una creación íntegra, a partir de la nada. Además, la creación del mundo no se debe a algo ineludible, sino que es consecuencia de una decisión voluntaria y libre.

La libre creación divina es para san Agustín un acto súbito y completo; la creación se extiende en el tiempo.

Las dos ciudades

San Agustín reflexiona sobre el sentido del dolor y del mal en el seno de la historia. Para ello, por vez primera en la historia humana, establece una filosofía de la historia universal: la historia de la humanidad es una lucha entre dos ciudades (del bien y del mal); la ciudad de Dios y la ciudad del Mundo; la ciudad de la luz y la ciudad de las tinieblas.

San Agustín distingue dos grupos entre los seres humanos.  Por un lado, aquellos que, despreciando a Dios, cultivan el amor egoísta- por otro, aquellos que aman a Dios por encima de todo, hasta el desprecio de uno mismo.  Los primeros son ciudadanos del mundo y los segundos ciudadanos del Cielo. Ambas ciudades, Dios y mundo, aparecen mezcladas a lo largo de la historia.  Al final, sin embargo, se separan.

Alguien que formara parte de la ciudad celestial podría vivir según los principios de la ciudad terrena, y viceversa.  Por ejemplo, una persona bautizada puede ser considerada como cristiana, como parte de la iglesia, pero si su vida, si el principio que rige su conducta, estuviera basada en el amor egoísta por encima de todo, moralmente pertenecería a la ciudad terrena; o, al contrario, si un pagano adoptara la justicia y el derecho como principios de su conducta, moralmente pertenecería a la ciudad de Dios.

lunes, 22 de febrero de 2016

5. ARISTÓTELES - HILEMORFISMO

El hilemorfismo aristotélico

La teoría hilemórfica es la teoría fundamental del ser en Aristóteles que explica la realidad y la naturaleza; ocupa un papel semejante a la teoría de las Ideas en Platón.

El hilemorfismo es la teoría que considera que la realidad física, natural y concreta está compuesta de materia y forma: hyle = materia, morfe = forma. Son dos principios o co-principios que forman un todo sustancial, un único ser. Ni la materia sola ni la forma sola constituyen el ser, sino que éste es el compuesto de las dos. No son dos elementos yuxtapuestos, sino que conforman a la sustancia, al ser. Toda sustancia es un compuesto de materia y forma; no se pueden separar.

Características de la materia

- Nunca puede existir por sí sola, sino siempre unida a la forma.

- Pura pasividad, mera capacidad para recibir formas, poder llegar a ser algo; en términos aristotélicos, potencia. 

- Distingue entre materia segunda (la física, perceptible por los sentidos, apta para recibir cualquier forma: mármol, madera,…) y materia prima (no perceptible por los sentidos, sólo por la inteligencia; absoluta indeterminación).

Características de la forma

- Lo que determina la materia haciendo que lo indeterminado pase a ser algo determinado; en términos aristotélicos, lo que actualiza la materia.

- Es la esencia de las cosas (como lo eran las ideas en Platón) pero no existe fuera de la materia sino en la materia. Es lo universal y permanente (La belleza da el ser a las cosas bellas, pero no se puede separar de ellas, sólo existe en ellas).



4. CINCO VÍAS DE SANTO TOMÁS

Primera Vía


La primera vía es la del movimiento. El movimiento nos consta por los sentidos que hay seres de este mundo que se mueven; pero todo lo que se mueve es movido por otro, y como una serie infinita de causas es imposible hemos de admitir la existencia de un primer motor no movido por otro, inmóvil. Y ese primer motor inmóvil es Dios.

Segunda Vía

La segunda vía es la vía de las causas eficientes. Nos consta la existencia de causas eficientes que no pueden ser causa de sí mismas, ya que para ello tendrían que haber existido antes de existir, lo cual es imposible. Además, tampoco podemos admitir una serie infinita de causas eficiente, por lo que tiene que existir una primera causa eficiente no causada. Y esa causa no causada es Dios.

Tercera Vía

La tercera es la vía de la contingencia y del ser necesario. Hay seres que comienzan a existir y que perecen, es decir, que no son necesarios; si todos los seres fueran contingentes, no existiría ninguno, pero existen, por lo que deben tener su causa, pues, en un primer ser necesario, ya que una serie causal infinita de seres contingentes es imposible. Y este ser necesario es Dios.

Cuarta Vía

La cuarta es la vía de los grados de perfección. Observamos distintos grados de perfección en los seres de este mundo (bondad, belleza,...) Y ello implica la existencia de un modelo con respecto al cual establecemos la comparación, un ser óptimo, totalmente verdadero, un ser supremo. Y ese ser supremo es Dios.

Quinta Vía

La quinta es la vía teleológica o del orden y la finalidad. Observamos que seres inorgánicos actúan con un fin; pero al carecer de conocimiento e inteligencia sólo pueden tender a un fin si son dirigidos por un ser inteligente. Luego debe haber un ser sumamente inteligente que ordena todas las cosas naturales dirigiéndolas a su fin. Y ese ser inteligente es Dios.


Podemos observar que las cinco vías de Santo Tomás, todas ellas, llegan a la misma conclusión: DIOS EXISTE. Dios es todo lo perfecto, lo necesario, el ser inteligente, Dios lo es TODO.

Fuente: http://www.webdianoia.com/medieval/aquinate/aquino_teolg_2.htm

domingo, 15 de noviembre de 2015

3. PLATÓN - TERCERA PARTE

2.3 Dualismo antropológico: cuerpo y alma, Teoría del alma

Para exponer la teoría moral de Platón, es nece­sario reparar a ciertos aspectos de su teoría del alma, ya que el equilibrio y la justicia del alma será la que sostenga la conducta moral de los seres humanos conduciéndolos a la felicidad.

Piensa Platón que el ser humano tiene dos atri­butos fundamentales: cuerpo y alma. El alma es de carácter divino, eterno e inmortal; el cuerpo es mortal y feo, y constituye una cárcel para el alma.

Platón distinguió tres tipos o dimensiones del alma, y a cada dimensión le correspondería una función: la dimensión racional, la dimensión irascible y la dimensión concupis­cente, Platón muestra la relación existente entre las tres funciones del alma valiéndose de la alegoría del carro alado. De hecho, Platón concibe el alma como la unión de los componentes que se repre­sentan en esa alegoría, es decir, el carro, el auri­ga y los dos caballos (el blanco y el negro).



2.4 La virtud y la ciudad ideal

2.4.1 Tres estamentos sociales

Platón organiza la ciudad según las aptitudes que corresponden a cada estamento social. Se consigue así conjugar los intereses de los ciudadanos, de modo que, una vez coordina­das todas las tareas, se alcance la justicia en la ciudad. He aquí esos tres estamentos sociales:

1.- Los productores

Los ciudadanos que tengan especiales destrezas manuales tendrán especial responsabilidad en la producción de bienes. Pertenecen a este esta­mento campesinos, artesanos y comerciantes. Según Platón, la virtud característica de este grupo es la templanza, puesto que en ellos sobresa­len las bajas pasiones, de modo que controlán­dolas pueden alcanzar la perfección.

2.- Los guardianes

Los soldados deben tener aptitudes tanto física, como morales. Su cometido es la defensa de la ciudad, y su virtud, la fortaleza.

3.- Los filósofos gobernantes

Su virtud es la prudencia. El rey o el gobernante será elegido de entre los mejores ciudadanos.

Si cada clase social cumple con su cometido, el orden y la armonía imperarán en la ciudad, y se impondrá la justicia, Por tanto, ya que no cabe mayor tarea que la del gobierno de la ciudad, es preciso dejarlo en manos de los expertos, pues­to que sólo puede gobernar justamente aquél que conoce la justicia y el bien.

El sistema propuesto por Platón no coincide exactamente con un sistema democrático, pues­to que en él sólo los mejores y los más sabios alcanzarían el poder. A menudo, el discípulo de Sócrates llama aristocracia del espíritu a su sis­tema político. En cualquier caso, no parece que Platón tuviera muy buena opinión acerca de la democracia.
Platón cita también las condiciones que harían posible la justicia:

- Primero, deben desaparecer la riqueza y la pobreza, ya que suponen grandes inconve­nientes para que los hombres y las mujeres cumplan con sus tareas. Los dos estamentos sociales de más alto rango, el de los soldados y el de los gobernantes, no necesitan rique­zas, salvo las estrictamente necesarias para poder vivir. Sin embargo, a los trabajadores manuales no se les debería negar el derecho de tener posesiones.

- La segunda condición de la justicia es, por tan­to, que los miembros de las clases superiores rechacen tener una vida familiar. Ya que tanto hombres como mujeres pueden participar en política, la familia constituiría un obstáculo a la hora de formar gobierno. El Estado, ade­más, regula el matrimonio entre hombres y mujeres, y se hace cargo de la educación de los hijos.

2.4.2 Formas de organización del Estado

Platón piensa que la tarea fundamental del Estado consiste en proporcionar una vida feliz y justa a sus ciudadanos. Así pues, las obligaciones del Estado y del individuo son muy distintas. Si los ciudadanos se comportan injustamente, la justicia se tornaría impracticable. Del mismo modo, si la actuación del Estado fuera perversa, los ciudadanos no podrían comportarse correctamente.

No obstante, muy por encima de los ciudadanos y del Estado, es preciso seguir la ley moral que habita en nuestro seno, puesto que los comportamientos justos son similares en ambos casos. Siguiendo este mismo criterio, Platón adujo que la forma perfecta era la aristocracia, ya que en ella gobiernan los mejores y más sabios

2.4.3 Felicidad y el bien supremo

La ética es una reflexión sobre la conducta humana que se dirige hacia la resolución de problemas tanto individuales (por ejemplo, cómo puedo alcanzar la felicidad, o cómo debo vivir para estar por encima de mi constitutiva animalidad) como sociales (cómo lograr la convivencia común pacífica y tolerante). La ética platónica, que recoge detalles del pensamiento socrático y que será posteriormente ampliada, corregida y conceptualizada por Aristóteles, es eudemonista, dado que se orienta al logro del bien supremo del hombre, esto es, a su felicidad. El bien supremo consiste en el desarrollo de la personalidad, de su alma, de forma que adquiera el estado en que debe hallarse y, por ello, sea feliz.

Al inicio del diálogo platónico Filebo, sus dos disertantes se acomodan en dos posturas antagónicas: Protarco sostiene que la esencia del bien es el placer, mientras que Sócrates cree que es la sabiduría. Pronto, sin embargo, ambos admitirán que una vida cifrada en uno sólo de esos estados, y que los potencie a la máxima expresión, no sería propiamente una vida humana; una existencia de la que no tome parte la experiencia, la memoria, el conocimiento, sería tan vacía como otra que rechazase los placeres corporales. Una vida buena para el hombre, concluyen, deberá contener tanto placeres intelectuales como aquellos que suponen satisfacer un deseo corporal, siempre que sea con mesura.

De los primeros se supone imprescindible la concurrencia de la ciencia exacta de los objetos intemporales, es decir, la geometría. La geometría describe los conocimientos más verdaderos posibles acerca de la realidad más notable. Pero como en el mundo de nuestra experiencia no hallamos más que una grosera aproximación a esos objetos intemporales, será necesario atender a un conocimiento de segundo tipo que la describa, admitiendo, siempre, que se trata de un saber inferior; un conocimiento de esta guisa sería, por ejemplo, el proporcionado por la música o la poesía. De los placeres corporales, por su parte, se aceptan únicamente aquellos que reporten salud y bondad a quien los experimenta, y se desprecian los que generan maldad o locura. Se busca, así, una afinidad entre el conocimiento, entre la sabiduría, y lo que la satisfacción del deseo puede proporcionar, tratando de encontrar una mezcla ecuánime y certera.

La felicidad sólo se alcanza, pues, encontrando la medida o proporción entre una vida sabia y una vida gozosa. Y para ello es esencial la práctica de la virtud. La ética platónica abarca cuatro virtudes fundamentales que se derivan del análisis de lasdimensiones anímicas que presenta el ser humano (la racional, la irascible y la concupiscible). Así, al alma concupiscible le corresponde una moderación, una templanza inteligente, ya que todo aquel que se muestre templado en la búsqueda de la virtud obrará de forma buena y beneficiosa, de modo que la templanza y la sabiduría no son completamente dispares. En segundo lugar, al alma irascible le atañe una capacidad de sacrificio, una fortaleza de ánimo ante las adversidades, el coraje propio de los que van a la batalla, que no se apartan de la primera fila pese a estar expuestos al peligro.