domingo, 15 de noviembre de 2015

3. PLATÓN - SEGUNDA PARTE

2. EL PENSAMIENTO DE PLATÓN

2.1. Teoría de las ideas: dualismo ontológico.

Según Platón, el mundo físico-natural que percibimos se guía por el movimiento y se encuentra en incesante cambio; por tanto, es imposible conocerlo científicamente.

Platón responde que las flores o los caballos del mundo sensible han sido creados a partir de correspondientes modelos inmateriales. Así. animales y, en general, los seres vivos son desde luego mortales; no obstante, la forma o modelo inmaterial que corresponde a cada uno de ellos, la idea a partir de la que se crean todas las cosas no muere jamás, puesto que es eterna e inmutable.

Por tanto, existe un aspecto del ser que permanece siempre igual, que no cambia. Pues bien, lo que permanece es aquéllo que engloba el concepto que estamos definiendo, es decir, la forma o idea que se refiere al conjunto de las cosas que comparten nombre. Ahora bien, la palabra idea puede desviarnos del camino, si no lo comprendemos adecuadamente.

Puede haber muchos seres bellos, pero la belleza que es modelo para todas las cosas bellas, es única, igual que la obligación, la amistad, la belleza la prudencia y el amor son permanentes y universales. Para decidir qué es justo, conviene no acudir a las técnicas persuasivas (a la retórica), sino a la verdadera realidad (la idea). La relevancia de la teoría de las ideas consiste, pues, en todo lo dicho.

2.1.1. El mundo de las ideas

Según la teoría de las ideas de Platón, las ideas universales pertenecen a un dominio ajeno al mundo material. Además, parece que la distancia entre el mundo material y el mundo de las ideas llega a ser incluso espacial. Las ideas permanecen eternamente en su dominio, mientras que los seres del mundo físico cambian y se transforman continuamente. Todas las cosas del mundo sensible adoptan su ser a partir del universal que les corresponde en el mundo de las ideas, es decir, todas las cosas del mundo sensible participan del mundo de las ideas, de modo que todo lo que pertenece al mundo inferior es en realidad la copia de su forma o idea. El mundo sensible es múltiple, puesto que las flores, los caballo o los dedos que participan de la idea que les da forma lo son también; sin embargo, cada uno de ellos adopta una determinada forma y no agota en absoluto la idea.
Aunque nadie llegara nunca a percibirlas o a conocerlas, las ideas permanecerían eternamente.

Como dice Platón en el Timeo, al crear el mundo, el Demiurgo contaba, por un lado, con la materia, y por otro, con el conjunto de ideas que daría forma a la materia. Por tanto, Platón expone una vez más que las ideas se hallan necesariamente más allá de este mundo.

2.1.2. Necesidad de que existan otras ideas

Más allá de cualquier idea o forma, Platón quiso estudiar las ideas universales en el campo de la moral (Justicia, Bien) y la estética (Belleza). Más tarde, Platón consideró que, además de las ideas de Bien y de Belleza, también había que definir otros seres que, a pesar de ser ordinarios o feos, podían ser expresados por una definición. Así pues, habría igualmente que definir objetos como caballo, casa o roca. Como de hecho hay varios tipos de ideas universales, y algunos se refieren a cosa feas y otros a cosas hermosas, Platón expresó que debía haber una especie de niveles de las esencias: es decir, un conjunto de ideas que conforman una jerarquía. La idea principal es la del bien, que alcanza el punto más perfecto en esa jerarquía, pues alumbra el mundo inteligible, lo hace comprensible, del mismo modo que el Sol alumbra el mundo sensible haciéndolo visible a nuestros ojos (el mito de la caverna). Bajo la idea de bien, encontramos las ideas matemáticas y las científicas en general, y finalmente, las ideas de nivel inferior que son los modelos para las cosas más toscas.

CARACTERÍSTICAS DE LAS IDEAS:

-  Las ideas son objetos de la razón.

- Las ideas son las referencias esenciales para el conocimiento de las cosas que percibimos a través de los sentidos. 

-  Las ideas son las causas de los objetos naturales.


2.2. Teoría del conocimiento: dualismo epistemológico

2.2.1. Ciencia y opinión

-  Los sentidos no proporcionan el verdadero conocimiento de las cosas.

-  Por tanto, el verdadero conocimiento no puede ser la percepción, ya que éste se dirige exclusivamente a las apariencias.

-  Por otro lado, la percepción no puede apercibirse del conjunto de los contenidos del cono-cimiento, ya que a través de nuestra capacidad argumentativa y nuestro razonamiento se nos ocurren múltiples ideas.

-  Alcanzamos el verdadero conocimiento a través de la razón.

Como sabemos, en ese camino hacia el conocimiento, debemos pasar inevitablemente por los siguientes tres estados:

- Nivel de la ignorancia, El estado del prepotente que se cree acreedor de la auténtica sabiduría es pura ignorancia.

-  Nivel de los sentidos. El estado de sabiduría basado en la información proporcionada por los sentidos es el nivel intermedio en el conocimiento, puesto que no consiste más que en verter opiniones sobre la realidad.

- Nivel de la razón, El estado al que se llega tras una paciente investigación de la razón sobre la realidad es el nivel superior de conocimiento; es el único que merece en rigor el nombre "cono-cimiento”, pues da como resultado la ciencia.

Así pues, según la doctrina platónica existirían varios grados de conocimiento; salvo en el primer estadio --en que ningún objeto se conoce realmente-, contaríamos con los objetos de los sentidos, por un lado, y con los de la razón, por otro.

Cuando a la ignorancia se le añaden, por un lado, la presunción de sabiduría, y por otro, la sed de poder, la desgracia está asegurada. Por tanto, como hemos señalado antes, la ignorancia consistiría fundamentalmente en la falsa presunción de sabiduría.

En todo caso, según Platón es imposible actuar mal voluntariamente, es decir, es imposible ser consciente de que se está actuando mal. El conocimiento no puede enseñarse, ya que es consecuencia de una actitud individual. La teoría del conocimiento de Platón está estrechamente vinculada a la noción de  areté (virtud). La palabra areté designa el desarrollo pleno de cada ser. Cuando alguien se entrega enteramente a sus obligaciones esenciales la areté de esa persona se realiza plenamente (valentía, prudencia, generosidad, etcétera).

De todas formas, resulta obvio que el aprendizaje de distintas conductas es inconmensurable. La pericia del campesino para cultivar la tierra, o la del timonel para dirigir un barco, nada tienen que ver con el aprendizaje humano, ni pueden siquiera compararse a la enseñanza de la virtud. Las habilidades mencionadas son ciertamente extraordinarias, y cabe aprenderlas, pero no así la enseñanza de la virtud, que es irrealizable. Tomemos como ejemplo a los hombres y mujeres ricos: aunque alcancen el éxito en los negocios o en la vida política, difícilmente consiguen enseñar su pericia, ni siquiera a sus propios hijos.

2.2.2. La idea del Bien y la dialéctica

Para alcanzar la sabiduría, es preciso ascender de un grado de conocimiento a otro, y la impulsora fundamental de esa transición es la educación. El proceso de aprendizaje que supone ese ascenso (difícil ascenso) es la dialéctica, si bien estrictamente, sólo corresponde al último grado de conocimiento. Por medio de preguntas y respuestas, a saber, por medio del diálogo, se alcanzan los principios de la ciencia, para lo cual hay que desechar primero las falsas hipótesis  (opiniones), hasta llegar a conocer los conceptos inmutables (la ciencia). Quienes han de dar el último paso son los filósofos, que son los verdaderos dialécticos, aquéllos que habiendo alcanzado la ciencia consiguen conocer el último grado de conocimiento: el Bien. Cuando se da fin a este período de formación, el filósofo está preparado para gobernar la ciudad.

El primer objeto de investigación del pasaje que vamos a estudiar pertenece al libro VII de La República, en el que, como en otras tantas ocasiones, Platón se sirve de una alegoría; en este caso, el mito de la caverna.

Platón intenta enseñarnos que la situación de nuestro intelecto es parecido al de los hombres \ mujeres encadenados en la caverna. Como ya hemos dicho, el único modo de conocer la realidad más allá de lo que dictan los sentidos es la educación, pues sólo ella consigue que las personas pasen del estado inferior en que sólo ven reflejos, al estado superior en que ven el mundo exterior. La educación también permite el acceso al grado superior del ser, esto es, el bien -el sol, en el mito de la caverna.

Resulta evidente que en el proceso de formación en que los seres humanos alcanzan el conocimiento del bien, los tipos de ciencia que investigan tanto ideas. como conceptos resultan de máxima importancia. Así, la aritmética -en tanto que conocimiento del cálculo-, corrige las falsas percepciones de los sentidos; o la geometría, que es la ciencia de las formas inmutables; o, finalmente, la astronomía, que investiga los movimientos celestes que son perfectos.

2.2.3. El amor, impulsor del conocimiento

El intelecto no basta para alcanzar el conocimiento. Es sin duda condición necesaria, pero no suficiente; hace falta algo más, Hay que conseguir vincular el intelecto con su objeto de conocimiento, y eso sólo se consigue a través del amor. Para comprender qué es el amor, recordemos el ejemplo de Sócrates: para llegar a saber algo es necesario partir de nuestra ignorancia y alejarse de la falsa presunción de sabiduría; por tanto, debemos admitir que tenemos carencias, para que el amor consiga tener un incentivo. ¿Qué otra cosa podría desear el amor sino aquello que anhela? En efecto, el amor anhela la belleza y la sabiduría.

Para alcanzar a conocer la belleza deseable, el ser humano debe ir superado una serie de estadios que le conducirán hacia ella. Primero, se sentirá atraído por la belleza de un cuerpo, una estatua, por ejemplo. A continuación, se percatará de que la belleza de todos los cuerpos es igual, y concluirá que por encima de la belleza corporal se halla la belleza del alma. Más adelante, se encaminará en busca de la belleza contenida en las instituciones y las leyes; después, en la de la ciencia; y finalmente, accederá a investigar la esencia de la belleza, esto es, la belleza en sí. Así, captará que la noción absoluta, eterna y permanente de belleza, de carácter supremo, es superior a la muerte, y la fuente de todas las cosas bellas.


2.2.4. "Conocer es recordar"

Los sofistas sostenían que el conocimiento es imposible, porque aunque halláramos el objeto deseado, no podríamos identificarlo. Por ejem­plo, si dos compañeros de clase se cruzaran en la calle antes de haberse conocido, sería imposible que el uno reconociera al otro, puesto que no hay conocimiento previo a su encuentro.

Para superar ese escepticismo, Platón expresa que el conocimiento consiste en el recuerdo de lo que el alma sabe desde siempre. Así pues, enseñar no sería propiamente proporcionar visión a los ojos, sino hacerlos mirar en la dirección oportuna. De hecho, conocer no es aprender algo nuevo, sino recordar aquello que el alma ya sabía. Expresado alegóricamente, el alma, antes de unirse al cuerpo, conoció en otro tiempo las esencias de sus obje­tos de conocimiento, pero los olvidó como conse­cuencia de una condena; y como el mundo de los sentidos se constituye de copias de esas esencias, cuando el alma las contempla, las recuerda, si bien aproximadamente, en su forma original.

Así pues, aunque en el mundo no haya verdade­ra justicia, ni verdadero círculo, ni verdaderas figuras geométricas, nuestra alma ha de contener necesariamente sus formas, de manera que en alguna ocasión pueda alcanzar a conocerlas.

Para recordar aquéllo que ya sabe, el ama debe ser eterna; de no ser así, no podríamos superar el problema planteado por los sofistas, Pues bien, como veremos en el siguiente apartado, el alma inmortal (idea de procedencia pitagórica) es la garantía del conocimiento. 

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